Clevie Raymond se levantó con la sensación de haber lamido la suela de un zapato. Se rascó la cabeza y miró a su alrededor. Descubrió una lata de cerveza abierta en la mesilla de noche. Todavía tenía líquido, así que tomó un trago y se enjuagó la boca como si de un colutorio se tratase.
Junto a él, en la cama, descubrió a su esposa que dormía mirando al techo y con la boca abierta. Pensó en echarle un poco de cerveza por el gaznate. Primero caviló que podría ser divertido, luego, tras un par de segundos, se dio cuenta de que quizás ella no se reiría.
Fue a la cocina y se preparó un café largo de agua y escaso de café. Miró a su alrededor y contó hasta 25 latas de cerveza. De las grandes, Dios mío, pensó mientras se rascaba de nuevo la cabeza.
Volvió a la habitación con el café. Observó a su esposa y se dio cuenta de lo hermosa que era. Entonces decidió salir a por más cervezas.